viernes, 10 de septiembre de 2010

Huracán Earl

El día que pasaba Earl en la noche, por el día se formo un rebulú aquí en Puerto Rico como si no tuviesemos experiencia en huracanes. Gracias a la Virgen que nos ampara como patrona de Puerto Rico nos hemos salvado de muchos. Pero ese lunes creo que nadie se esperaba que se sintieran los vientos desde tan temprano. Lo que yo recuerdo de los últimos avisos de huracanes es que dicen "viene para el lunes en la noche" y no llega hasta el martes en la noche. Tal vez todos nos confiamos de esto. La ente mandó a sus hijos a la escuela y se fueron para sus trabajos. Parece que Earl aceleró el paso y en la tarde se formó un sal pa fuera, mi Puerto Rico con sus miles de carros en la calle; los que salieron del trabajo, los que fueron a buscar sus hijos al colegio, los que fueron a echarle gasolina al carro y los que se acordaron que no tenían agua, ni baterías ni velas. Imagínense todos esos carros en nuestras carreteras y avenidas, inmenso tapón y la agresividad del que no puede controlar la angustia de que los vientos de Earl se lo van a llevar.
Eso fue lo que me enteré por el radio, nosotros en la casa tranquilos con los carros medios "empty" pero pendientes de las noticias. En algunos sectores "se fue la luz", pero en nuestra casa en ningún momento. Lo que me dio la oportunidad de coser y coser. Los nenes se pusieron creativos con retazos de puntillas y un mosquitero medio roto.
 Arriba la nena está en traje de baño porque parte del plan fue llenar la piscinita (esas pequeñas de plástico azul).

Nos metimos en una casita debajo de la mesa en el comedor.

Abrimos las ventanas para disfrutarnos la ventolera.


Marcos organizó una serie de puntillas que yo cosí para hacerle una capa a su hermanita. Yo quería usarla para un delantal, pero él no quiso.

Cuando salimos al patio los arbolitos de gandules estaban doblados por el viento

La carpa quedó patas arriba.

Dos o tres árboles se partieron.

Este plátano se cayó.

Jugamos ¿rummicub? en casa de Mami y Papi. En la foto, Mi abuela, mis dos hijos mayores y yo.

1 comentario:

  1. No hay mejor lugar de pasar un huracán que en "una casita debajo de la mesa en el comedor"... me encantan los chicos brincando por la ventana. Sigue esa hermosa labor, Francheska, de educar y jugar con tus hijos. Dios te Bendice.

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